Historia del apellido Muñatones
Procede esta familia de Marroquin, a la que sucedió, como se acaba de ver, y por consiguiente de Salcedo. Pero Sánchez Porra, hijo del segundo matrimonio de Sancho Ortíz Marroquin, heredó de su madre el solar de Muñatones y tomó este apellido. Llamábase su madre Doña María Sánchez y era hija única de don Jimeno de Muñatones, hijo que fué de D. Galindo Gastón Conde de Noroña, y había poblado en Muñatones. Se casó Pero Sánchez con Doña María Sánchez de Fresnedo, de la cual tuvo varios hijos, el mayor de los cuales se llamó Diego Pérez de Muñatones y se casó con doña Teresa de la Sierra. Doña Teresa era muy rica y la gente sospechaba, a pesar de ser conocido su padre, que era hija de Diego Sánchez Marroquin, que fué el que gestionó la boda. El hijo mayor que nació de este matrimonio se llamó Ochoa y murió joven de una herida que recibió en Castro en tiempos en que estaba reñido con su padre por no quererse casar con la mujer que le destinaba: dejó hijos bastardos. Los hijos segundo y tercero de Muñatones, Diego Pan y Pero Gordo, murieron en un combate, jóvenes y solteros, dejando Diego una hija bastarda.
El cuarto, Fernando, se casó contra la voluntad de su padre con una hija de D. Merino de la Codega, clérigo rico, y murió jóven combatiendo contra los moros de Algeciras. El menor de todos los varones, Juan Pérez de Muñatones, heredó el solar y continuó la familia. Además de estos hijos, Diego Pérez tuvo seis hijas legitimas, la menor de las cuales se casó con Juan López de Salazar, que fué el primero de esta familia que se estableció en Vizcaya. Juan Pérez de Muñatones, aunque heredó el solar, no heredó toda la fortuna de esta familia, que se dividió en ocho partes, que fueron la suya, la que recibió el hijo de su hermano mayor Fernando y las seis hermanas que tenía. Varios de éstos vendieron luego sus herencias a la viuda de Juan Pérez de Muñatones después de la muerte de éste, y de esa manera se reconstruyó en su hijo Ochoa la fortuna y posición de la familia, que estuvo expuesta a perderse a causa de aquella división de bienes.
Juan Pérez se casó con Doña Mencia de Loyzaga, y habiendo tenido un sólo hijo, murió joven. Este hijo, llamado Ochoa, no tenia más que tres años cuando murió su padre y se encargaron de la tutoría su madre y sus primos Pero Fernández de la Sierra, hijo de Fernando, el hermano de Juan Pérez, y Juan Sánchez de Salazar, hijo de doña Inés de Muñatones, que pronto riñeron y sostuvieron una guerra privada entre sí. Mientras sus tutores combatían creció Ochoa y se casó con Doña Juana de Cordillas, de la que tuvo dos hijas, Doña Teresa y Doña Mencia. Los tutores hicieron por fin las paces y al concertarlas se concertó también, como modo de unir a la familia, la boda de la niña Teresa con el también niño Ochoa de Salazar, primogénito de Juan Sánchez, y habiendo muerto poco después Ochoa de Muñatones de peste en Lisboa a los 22 años de edad, su hija la niña Teresa alcanzó la jefatura de la familia de Muñatones. Del matrimonio que con Ochoa de Salazar había celebrado fué el primogénito Lope García de Salazar y Muñatones, autor de las Bienandanzas.
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